¿Que ocurre con los adolescentes?
La primera cuestión que deberíamos abordar al plantearnos una pregunta como ésta, es aquella que nos pueda esclarecer porqué en la actualidad necesitamos reflexionar tanto acerca de esta cuestión.
La preocupación por la adolescencia es un tema recurrente en nuestros días, y la encontramos tanto en el campo de la enseñanza, como en el ámbito del psicoanálisis, la psicología, la psiquiatría, la sociología etc. ¿Qué justifica dicha preocupación? ¿Están especialmente mal los adolescentes de nuestro tiempo en relación con los de otras épocas?. No es seguro.
Esta atención renovada por la juventud sin duda proviene de ciertas dificultades y problemas que ésta padece como síntomas de sus malestares: anorexia, violencia, conductas adictivas, fracaso escolar, alteraciones de la personalidad etc...
Pero cada vez somos más los que percibimos en estas dificultades los efectos que propician ciertos condicionamientos de nuestro orden social, que nuestra época ha empezado a reconocer. No sin cierta sorpresa, por cierto, pues estos malestares cuestionan las posibilidades del progreso que debían traer la democracia y el discurso de la ciencia; la esperanza de la humanidad desde la ilustración era que la sociedad del bienestar trajese la felicidad para todos.
Como remarcábamos más arriba, no es seguro que ahora existan más problemas ni más graves que en otras épocas. Si aparecen de forma más tangible, es porque la adolescencia, así como otros colectivos: mujeres, niños, minorías raciales etc..., encuentran en esta sociedad de los “derechos humanos” una atención creciente, cuando en épocas no demasiado remotas se puede decir que ni tan siquiera “existían” como sujetos socialmente significativos.
Este efecto es inequívocamente un logro de las sociedades democráticas, sólo que tendemos a no valorar suficientemente su importancia por aquello de que ya estaba en el programa. Lo que no tenemos en cuenta es que a menudo lo que está en el programa no se logra hacerlo entrar en la realidad.
Por esto mismo, los sujetos sí que se sorprenden y hasta escandalizan de que “a estas alturas del siglo puedan suceder ciertas cosas”. Entre ellas toda esta cohorte de problemas que presentan muchos jóvenes, que para mayor escándalo no han carecido de los medios de educación ni de un sinfín de posibilidades que otras generaciones no tuvieron y que algunos tienden a ver más sanas, lo que tampoco es tan seguro.
A-¿Qué es la adolescencia?
Empecemos por repasar cuáles son los rasgos que definen este estado llamado adolescencia y cuyos perfiles no son, ni mucho menos, nítidos e invariables.
Tendremos distintas percepciones según visualicemos el fenómeno desde la biología, la sociología, la psicología, el psicoanálisis o la medicina.
Ahora bien, todas estas disciplinas tienen en común -en relación al tema que tratamos- la necesidad de dar cuenta de dos hechos fundamentales propios de la adolescencia: 1º que el sujeto debe atravesar un cambio que implica una crisis de identidad en un doble sentido: el pasaje de niño a adulto, y el pasaje de sujeto en proceso de definición sexual a sujeto que sostiene en la praxis una posición sexual, 2º que el adolescente debe efectuar un proceso de emancipación afectiva, familiar y social, que pone a prueba tanto el desarrollo psicoafectivo como las capacidades de desenvolverse adquiridas durante toda la infancia.
Este proceso tiene siempre algo de problemático. Por ello es necesario que los padres y educadores sepan contener esa crisis de la adolescencia. Recordemos que algunos de los niños y/o adolescentes perfectos y modélicos, es decir los que no han atravesado crisis de ningún tipo, acaban desarrollando a menudo graves cuadros psicopatológicos, que pueden ir desde la anorexia a la esquizofrenia.
Hay pues una paradoja, dado que la crisis y los problemas son normales en la mayoría de los adolescentes, pero los mismos problemas pueden también ser índices de riesgo en determinados casos. Por tanto ¿cómo saber que las crisis y los problemas exceden los límites de lo normal y entrañan un problema psicopatológico que no remitirá con la evolución del sujeto y que requiere la intervención terapéutica de un profesional?
Para empezar conviene saber porqué la adolescencia es así de problemática. El psicoanálisis freudiano es el que nos ha permitido comprender mejor a nosotros esta circunstancia. Se trata de que el ser humano, al nacer profundamente inmaduro desde el punto de vista biológico, se encuentra en la necesidad de completar el bagaje genético-biológico con la formación cultural y moral, es decir con el orden simbólico, el cual viene a suplir su inmadurez orgánica y le permite completar su constitución como sujeto emancipado.
Esta circunstancia le somete a dos efectos: una larga etapa de dependencia de sus progenitores, de sus educadores y de su entorno y por otro lado el enfrentamiento con una serie de situaciones que vivirá como traumáticas.
En cada una de las etapas de su infancia el sujeto debe confrontar situaciones ante las cuales se vive en situación de impotencia y desamparo, puesto que como hemos dicho por una parte esta biológicamente inmaduro, y por otro lado esas situaciones le llegan demasiado pronto, en el sentido de que su aparato psíquico aún no está suficientemente desarrollado, ni en su inteligencia ni en sus emociones.
La curiosidad sexual infantil y los juegos que a menudo la acompañan son un buen ejemplo de este retraso entre los desafíos que el jovencito o la jovencita deben afrontar y la insuficiencia tanto biológica como psíquica en la que se encuentran.
Podríamos decir que el sujeto debe estrenarse en la adolescencia como sujeto sexual y emocionalmente desarrollado y como individuo socialmente emancipado. Pues bien, aun aquellos que llegan en las mejores circunstancias de preparación y desarrollo psicoafectivo van a encontrarse que hay algo que les sobrepasa, algo para lo que nunca se puede estar del todo preparado.
Por ello la adolescencia constituye siempre un verdadero acontecimiento, es decir un encuentro del sujeto con algo real para lo que no tiene guión, si puedo expresarme así. La angustia es en esta circunstancia un afecto frecuente y hasta lógico.
Tal angustia está en la base de la propensión de los adolescentes a ciertas conductas, por ejemplo ciertas formas de consumo de alcohol, o de ciertas sustancias químicas que son verdaderas auto-medicaciones ansiolíticas. Lo mismo ocurre con cierta propensión de los adolescentes a descargar ansiedad a través de conductas agresivas, peligrosas, incontrolables... son descargas de esa misma ansiedad.
Esta naturaleza traumática de la adolescencia provoca que éste sea un momento en el que los problemas personales se vuelven particularmente cruentos y su solución especialmente difícil.
El tiempo de la adolescencia es ante todo un período de prueba en el que el sujeto debe cumplir un proceso subjetivo, íntimo, personal, en el que todo lo que aprendió y maduró a lo largo de su infancia va a ser puesto a prueba. A su vez, la forma en que el sujeto concluya este proceso va a condicionar su ulterior trayectoria como adulto.
Por eso, a menudo, nosotros decimos a los padres que nos preguntan cómo se pueden prevenir los trastornos del adolescente, que lo mejor es empezar desde el nacimiento mismo. Un bebé educado con una lactancia correcta, donde importa sobre todo la seguridad, el estado emocionalmente satisfactorio en la madre, la constancia y el destete firme pero tranquilo, aprende de forma vivida y precoz a tolerar la frustración, se mantiene tranquilo ante los imprevistos e internaliza normas de forma profunda y muy sólida, pues éstas quedan asociadas a experiencias que dejan huellas profundamente intensas.
En la adolescencia el sujeto se confronta a la necesidad de “inventar” sus propias pautas. Ya hemos señalado que no hay saber suficiente que pueda orientarle. Pero por otra parte, el empuje de unas costumbres sociales que asocian a menudo el ocio a la desregulación hacen tambalear los hábitos al más pintado, y paradójicamente las exigencias sociales le requieren un esfuerzo de competencia cada vez mayor. El sujeto que ha internalizado hábitos y límites es más tranquilo, tiene una mayor capacidad de concentración y es menos influenciable por el entorno, puede abandonar ciertos hábitos de su infancia e independizarse del control de los adultos, pero encontrará más fácilmente su propia pauta y sus límites.
B-¿Qué problemas más significativos presentan los adolescentes?
A continuación nos referiremos a los problemas que nos encontramos más a menudo en nuestras consultas, y aquellos frente a los que los padres más a menudo se encuentran desarmados.
En esta serie encontramos: los problemas de conducta, especialmente los trastornos adictivos, consumo de sustancias , pero también adicción desmesurada a ciertas actividades: el móvil, internet, horarios...
Hay una dificultad para aplazar las satisfacciones: “lo que quiero debo obtenerlo ya”. Se demanda una inmediatez que hace la espera insufrible y el logro de la satisfacción una victoria irrisoria, de una fugacidad decepcionante, que realimenta la necesidad de volver a empezar y buscar más y más.
Por otra parte están las dificultades de posicionamiento ante la autoridad. Esta dificultad es cada vez mas frecuente. El problema aparece desde posicionamientos muy diversos que parecen agruparse en dos polos.
Por una parte encontramos aquellos adolescentes en los que se presenta una falta de reconocimiento de la autoridad. No se trata en este caso de la lógica reacción de revuelta del adolescente contra la autoridad familiar; esta revuelta reconoce la autoridad y busca afirmarse, diferenciarse y posicionarse ante ella. Incluso si tiene que pasar por un conflicto puede ser y a menudo lo es una experiencia difícil pero fecunda. No nos referimos a estos adolescentes sino a aquellos que actúan como si no existiese el principio mismo de la autoridad, aquellos que sólo se frenan por miedo y para que no les vean; estos no trasgreden por rebelión, no cuestionan el orden existente a menudo con razón para sustituirlo por el suyo de clan o de pandilla, simplemente “pasan”.
Por otra parte encontramos los adolescentes excesivamente pasivos y acomodaticios con lo establecido. No cuestionan ni las exigencias ni los valores, no denuncian ni la doblez del discurso del poder ni critican la justicia de lo mandado. Se trata de pasar rápidamente a hacer lo mismo que ciertos poderes vienen haciendo. En el fondo también hay en estos casos un pasotismo.
Cada vez más se presentan en los adolescentes problemas de tipo depresivo. Este tipo de psicopatología aumenta en el conjunto de la población, presentándose bien de forma manifiesta como desmotivación, insomnio, fatiga, en algunos casos con llantos inmotivados y humor triste, bien de forma enmascarada. Es muy frecuente que la depresión quede oculta, debido a que el sujeto hace un esfuerzo de disimulo ante si mismo y ante los demás ¿porqué? porque la idea de estar deprimido está socialmente muy mal vista. Nuestra sociedad adora a los decididos, los triunfadores, los fuertes, y por ello la depresión no constituye en nuestros días ningún ideal, ni aún en el caso de que se trata de una depresión saludable, es decir la que resulta del encuentro con la realidad y provoca una reflexión fructífera.
Tampoco podemos menospreciar las conductas de fracaso. En estos casos se trata de sujetos bien dotados que no logran alcanzar objetivos que supuestamente están a su alcance, y ante los cuales fracasan de forma reiterada. Aquí se inscribe el fracaso escolar, pero también muchos otros: el fracaso en el control de los embarazos precoces en sujetos con la información suficiente, el fracaso reiterado de algunos jóvenes para establecer una relación afectivas estables.
Aquí también nos encontramos con causas muy distintas y hasta contradictorias y que pueden producir efectos aparentemente iguales. Hay una parte de estos fracasos que tienen que ver con sujetos acomodados a la pasividad, acostumbrados a recibir “todo dado” fundamentalmente por los padres, sujetos que huyen de la responsabilidad, del compromiso y del esfuerzo continuado.
A veces los propios padres les han trasmitido la idea de que el esfuerzo es lo mismo que el sacrificio, lo que es profundamente falso. Son padres que sintieron que ellos mismos progresaron “con enormes sacrificios” y que por tanto quieren – de forma a menudo inconsciente- que sus hijos “no pasen por lo que ellos han pasado”.
En esos casos, se ignora que el esfuerzo puesto al servicio de la realización del propio deseo, no es necesariamente un sacrificio sino un precio que se paga por un logro propio, lo cual además procura una satisfacción suplementaria, la satisfacción del logro conseguido y del sentirse capaz. Este es el valor añadido que tienen los logros conseguidos por uno mismo.
Están sin embargo los que “al fracasar triunfan”, que son aquellos que actúan bajo la exigencia del Otro familiar que espera de ellos que alcancen ciertos logros ajenos a los deseos del propio sujeto. Los sujetos que se comportan de este modo no se sienten capaces de cuestionar abiertamente esas exigencias ajenas, pero de forma inconsciente sustituyen un “no quiero hacer eso” por un “no puedo hacer eso”, cumpliendo así, mediante su supuesta “impotencia”, una rebelión pasiva a las exigencias del Otro.
C-¿En qué influyen los discursos dominantes en los problemas de los adolescentes?
Sin tratar de ser exhaustivos, esbozaremos algunos rasgos de la sociedad moderna que influyen en la génesis de este tipo de problemáticas en la adolescencia, y que ayudan a explicar y entender porqué los padres se encuentran a menudo desbordados a la hora de nacerles frente.
No se trata de negar las responsabilidades que unos y otros tienen en dicha problemática, eso sería reproducir uno de los rasgos que a menudo hemos denunciado como nocivos en nuestra sociedad, a saber la tendencia frecuentemente constatada de presentar al sujeto como víctima irresponsable de un determinado orden social. Como decía una cancioncita de los años sesenta: “soy rebelde porque el mundo me ha hecho así”, Podríamos responderle: “pues mire no, si Vd es lo que el mundo le ha hecho, ya no es rebelde es sumiso”. Creo que fue Sartre quién dijo: “lo importante no es lo que han hecho de nosotros sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”.
Conocer lo que un determinado orden social induce en los sujetos en un determinado momento histórico nos es conveniente si queremos ser responsables, es decir dar nuestra propia respuesta a los valores dominantes, sobre todo cuando éstos tienden a producir efectos nocivos para los sujetos.
Nuestra sociedad ha generado una serie de paradojas que cuestionan, como hemos dicho, las bondades de su progreso en muchos aspectos, y los jóvenes son los que sufren a su manera de estas dificultades.
Para empezar baste observar cómo se acentúa el abismo entre la madurez y la emancipación de los sujetos, pues cada vez es más prolongado el tiempo durante el cual los hijos dependen de los padres, tanto en lo económico como en lo social: vivienda, salud, ocio... y sin embargo cada vez son más precoces las relaciones sexuales y con ellas la cohorte de experiencias emocionales que les acompañan.
Por otra parte se ha producido un déficit de ejercicio de la autoridad, del autoritarismo patriarcal del antiguo régimen, donde la figura del padre era casi omnímoda para la mujer y los hijos. Esta autoridad, que detentaba casi en exclusiva la función normativa, ha sido saludablemente cuestionada, pero ello no ha conllevado embargo una sustitución adecuada, pues aún no hemos sido capaces de hacer algo distinto, algo que venga al lugar de la solución inútil de quedarnos simplemente en el negativo de lo que había antes.
No se trata de pasar del autoritarismo a la permisividad total, se trata de encontrar nuevas formas de ejercer la función paterna, función que posibilita el establecimiento de las normas y la marca y sostén de los límites. Por ejemplo, una opción podría consistir en pasar a un modelo más permutativo a la hora de sostener la función de autoridad, es decir alternando con la madre el ejercicio de la autoridad, lo que por otra parte es más acorde con la emancipación femenina y con los valores actuales.
Así mismo se trata también de no confundir la autoridad -fundada en el reconocimiento de una función distinta entre padres e hijos, y en un pacto tácito entre el que debe mandar y el que va a obedecer- con el ejercicio del poder entendido como fuerza. Es decir se trata de promover una autoridad que llame a los adolescentes a la responsabilidad, no solamente a la sumisión ciega y acrítica.
Pues convienen saber que la ausencia de autoridad genera angustia. Es por ello que nos encontramos en la actualidad con un aumento espectacular del síndrome de inquietud y falta de atención en niños y jóvenes, sin necesidad de justificarlo en base a déficits biológicos.
Esta crisis de autoridad ha llegado en algunas esferas de la vida y en algunos casos a una auténtica inversión de roles, de tal modo que en algunas familias es el niño el que es un tirano. Esta circunstancia se acompaña del fenómeno de los padres en demanda, es decir en posición de piden algo a su hijo. Cuando se llega a esta situación los padres temen que si se muestran firmes el hijo no les amará, o bien fracasará más aún en la escuela. En el caso de parejas separadas cada uno de los cónyuges puede temer que el hijo se irá con el otro progenitor que no les niega nada.
Esta demanda de los padres puede ser inconsciente, pero les coloca en una posición de inferioridad respecto a su hijo. A menudo hago notar a los padres en el consultorio: “el que demanda no manda”. La demanda de los padres se manifiesta en frases del tipo “vete a dormir que no aguanto el ruido que haces” o “te castigaré sino sacas tan buenas notas como tus primos, y dejas de avergonzarnos”
Pero aún existe otra posibilidad, aquella según la cual la demanda de los padres pasa a segundo plano siendo sustituida por la imposición de normas en nombre de una determinada forma de entender el bien común y la convivencia familiar. Es en este caso cuando los efectos de autoridad se hacen mas patentes. Se constata ciertamente que hay niños que a pesar de todo se resisten a estos cambios, y quieren conservar durante largo tiempo la posición de dominio que pudieron disfrutar durante muchos años.
Otra de los grandes condicionantes de la evolución de nuestros jóvenes es el empuje al consumismo. Esta tendencia dominante en nuestra sociedad está plagada de efectos imposibles de enumerar todos ellos en un artículo, pero resaltaremos el efecto perverso que impregna todas las relaciones humanas cuando se establece que éstas sólo pueden justificarse por la ganancia de satisfacción.
Se trata de obtener algo que ha tomado el valor de fetiche, es decir que me permite imaginar que me saciará completamente, que no echaré a faltar nada, “satisfacción completa, sino devolvemos su dinero” rezan algunos anuncios, o bien satisfacción sin espera, ¡ya!.
Todos los valores que hasta hace poco aparecían en la cultura como ideales, implicaban prácticas en las que el sujeto renunciaba a hacer algo, aunque supusiera no lograr algunas satisfacciones, y ello a fin de obtener algo de un valor superior: como la honestidad que supone dejar de estafar, la sinceridad que implica dejar de mentir, la justicia social que requiere distribuir la riqueza... estos ideales son sustituidos por la promoción de ideales que no implican renuncia sino lo contrario, son objetos de satisfacción obtenidos y conservados: poder, éxito, belleza, juventud, riqueza... longevidad, etc...
Esta dialéctica empuja al sujeto a una ética en la que pierde su deseo y el sentido de su acción, sin por ello sentirse más satisfecho, pues el fetiche al prometer la complitud miente, y de este modo prepara la insatisfacción y genera de buscar una nueva obtención de satisfacción, en una carrera que no conoce fin.
Esta actitud alentada día a día desde los medios de comunicación y apenas cuestionada por algunos padres -pues la mayoría están presos de la misma dialéctica- desespera a muchos jóvenes, empujándolos a pasar del esfuerzo o a las satisfacciones fáciles y sin compromiso.
No debemos desatender los efectos de una competitividad cada vez más desregulada. Se promueve la identificación del semejante como competidor y ello desde la educación más temprana. La infancia y la adolescencia de nuestros días no son el tiempo de un compañerismo exento de las premuras de la lucha por la vida, como en tantas culturas, hasta llegar al ritual de pasaje a la edad adulta en el cual el niño devenía cazador, guerrero, etc y por tanto sujeto de todas las controversias. Ahora el infante ya debe prepararse para la competición cotidiana. Muchas de las actividades escolares y extraescolares son ante todo una preparación para la competición y no tanto para la realización de un proyecto personal a ir definiendo y madurando.
Los efectos mismos del igualitarismo tienen sus paradojas y contradicciones. En nombre del mismo algunos adolescentes no se dejan mandar por nadie. Es evidente que hace falta una reflexión sobre lo que es igualdad de derechos y diferencia de responsabilidades y roles.
D- ¿Cómo entender la atención a los adolescentes y a sus familias?
Nuestra práctica en el IPB esta inspirada en una ética según la cual los conflictos, problemas y dificultades, no son considerados como meros fenómenos a eliminar, ni tampoco se concibe a los adolescentes y sus familias como individuos que deben adaptarse y normalizarse a cualquier precio.
No se trata de que los problemas se eliminen lisa y llanamente sin comprender ni su razón ni su sentido, eso equivaldría a destruir el piloto que se enciende avisándonos que en el motor de nuestro coche algo no anda.
Entendemos y abordamos las dificultades y los conflictos como la expresión de algo que en los sujetos que los padecen busca realizarse , y procuramos que encuentren en la cura una ocasión de solucionarlos a través de un proceso en el que el sujeto es parte activa. En este proceso el afectado encuentra sus propias respuestas y halla en sus dificultades la ocasión de evolucionar hacia la definición de su proyecto de vida, así como consigue alcanzar una relación auténtica con su deseo y la capacidad de aunar éste con las inquietudes de sus contemporáneos y los retos que la época le plantea.
La atención que dispensamos es pluridisciplinar, lo que no impide mantener una coherencia sin fisuras en la búsqueda de los fines expuestos. Nuestros medios de acción van desde la medicación al psicoanálisis o la entrevista familiar, según convenga en cada momento. Todo se ordena para coadyuvar a un mismo fin.
No se trata ni de uniformar ni de empujar al marginalismo testimonial, al cual muchos adolescentes son proclives. El proyecto individual, la asunción de la propia diferencia, no tiene porqué ser incompatible con la relación a los otros, sobre todo si renuncia a presentarse como totalitarista y excluyente.
Cuando el adolescente afirma su propia modalidad de vida, a menudo es vivido por los padres como algo amenazante y al perseguirlo inducen conductas de rebeldía que ellos mismos temían.
El trabajo con los padres se hace necesario porque a menudo no encuentran a qué saber recurrir para orientarse, o bien descubren que lo que ellos aprendieron como saber válido está sobrepasado por los cambios sociales dada la velocidad con la que evolucionan los valores colectivos.
Un ejemplo puede servir de muestra; un padre esta preocupado porque su hija aún adolescente con fracaso escolar reiterado, signos de inmadurez afectiva y dificultades de desempeño en lo social ha cogido novio y tiene la costumbre de llevarlo a casa y dormir con él. Esto no le parece correcto a ese hombre y sin embargo no sabe en nombre de qué prohibírselo. Hace unos años la moral católica que compartía su familia le hubiera bastado para apelar a que los chicos no deben relacionarse sexualmente antes del matrimonio. Pero ahora esos principios ya no son compartidos ni por su esposa ni por sus hijos, pues está “en el ambiente” de esa familia que la liberación femenina y la democracia son ideologías anti-represivas y que no han de prohibirse estas relaciones, por lo que él es desautorizado a título de anticuado, machista y carca, en aras a un cambio de valores. La desvalorización de ese hombre no parece indicar nada bueno para él ni permite una progresión global de su hija donde la libertad se conjugue con la responsabilidad.
Esta es la razón que nos llevó a crear una actividad llamada Escuela de padres. En ella se trata de abrir un espacio donde los padres puedan hacer un proceso hacia la asunción por su parte de una posición propia, que sea ante todo efecto de un compromiso subjetivo con su deseo y les permita mantener actitudes ante todo responsables. Es “escuela” en el sentido de que allí se aprende, pero tiene la particularidad de que se aprende de los propios problemas, son estos los que enseñan y no profesores con recetas prefabricadas que ignoren la especificidad de cada caso.
La tolerancia, la confianza en lo trasmitido a los hijos, la claridad y la firmeza de las posiciones tomadas, la convicción de que las reglas y los límites se ponen en función de permitir el interjuego de roles que le toca asumir a cada uno y no excluye el respeto a la autonomía propia a cada etapa de la vida de los hijos, esto es lo que importa, y lo que puede reservar gratas sorpresas, incluso en el caso de aquellos hijos que no salieron como los padres querían. Pues los hijos no son totalmente efecto de sus padres, lo son también de la época en la que viven y de la genealogía que se transmite de forma inconsciente.
Nuestra acción consiste en dar la ocasión a los adolescentes con dificultades y sus padres de que encuentren un lugar de interlocución, donde no se trata de con-vencer, sino de facilitar que aflore para ellos mismos la verdad de su deseo, así como propiciar el compromiso con dicho deseo y potenciar la capacidad de unirlo a los proyectos de los humanos de su época.
Dr. Jose Monseny Bonifasi
Barcelona, 19 enero 2004
"ADOLESCENTS, DEL RISC INEVITABLE AL RISC ASSUMIT”
JOSEP MONSENY
Quan vaig rebre la amable invitació per parlar en un centre d’orientació familiar, el primer que em vaig preguntar fou: “de què pot parlar un analista que pugui resultar d’alguna utilitat en un àmbit com aquest i en una circumstància com aquesta ?”
El psicoanalista un adolescent
La primera resposta em vingué al cap aquell matí mentre escoltava al sociòleg. Aquest em va fer pensar que un analista parla sobre qualsevol tema i de la mateixa forma que un adolescent, que no es igual ni s’ha de confondre amb la d’un jove, perquè els analistes no son gaire joves. Puc dir que parlo com un adolescent, perquè ho faig des de l’experiència de la falta, i l’adolescent és precisament “aquell que li falta quelcom”. En aquest sentit els analistes tenim alguna cosa a dir. Aquells que es mantenen sempre pròxims a allò que els hi manca, tota la vida poden ésser adolescents. Per això no estic d’acord amb què els equips hagin de caure necessàriament en l’avorriment, la rutina o el desencís. Si es mantenen adolescents i pròxims a estar sempre disposat a abordar el què manca per fer i per saber, tenen la possibilitat de prolongar per sempre l’entusiasme que l’adolescència pot portar.
El problema rau en què sovint els joves no són gaire adolescents. Molts d’ells combaten l’angoixa que sovint apareix en el moment que anomenem adolescència, precisament presentant-se com els que ja ho saben tot, es a dir, com aquells que no els hi falta de res, al menys en l’ordre del saber. Es freqüent sentir joves que diuen: ”Els grans no saben res. En una època passada pensaven que sabien molt, ara ja no saben res, nosaltres si que en sabem”. Per tant a vegades ser jove no vol dir ser adolescent i tampoc no és un terme exclusiu del jovent sinó que els grans també poden mantenir l’adolescència fins el final de la vida.
També és cert que de vegades als joves, aquest no voler ser adolescent, els hi fa caure en la intolerància. No sempre són tant condescendents com afirmava el sociòleg. Sovint veiem el jove com a resultat de la incertesa en la seva identitat, quan en realitat s’aferra a signes concrets d’identificació i els totalitaritza. Aquests fet els pot fer caure en un afany persecutori contra altres grups, sovint minories, que no encaixen en aquesta identitat. Per exemple els “skin heads” que es dediquen a perseguir subjectes amb diferencies racials, o els afeccionats radicals d’un equip de futbol que poden arribar a agredir a grups contraris.
Aquests mecanismes també estant sempre presents en els adults, d’una forma o altre. En els adolescents però, la inseguretat pròpia de la joventut en tant que és una etapa d’intens canvi personal, de plantejament de la identitat sexual i d’assaigs d’ emancipació de la família, almenys pel que fa a modus de vida, accentuen la cohort de incerteses, fet que pot fomentar els extremismes.
Doncs bé, remarcat això, des de la meva “adolescència”, voldria dir-vos, que el que pot aportar la psicoanàlisis a qualsevol àmbit, ja sigui aquest que ara ens ocupa com d’altres dins del camp de la salut mental, es precisament l’ajuda a entendre el valor de la falta com quelcom de positiu i no sempre com una condemna d’allò negatiu. Precisament perquè en l’inconscient la manca sosté el desig humà.
L’adolescent-sintoma i els símptomes dels adolescents
El que s’ha parlat en aquestes conferencies m’ha suggerit la necessitat d’aclarir la possible confusió entre l’adolescent com a símptoma i l’adolescent portador de símptomes. Es a dir, en el seu valor simptomàtic l’adolescent és allò que se l’hi travessa als discursos socials dominants. Els psicoanalistes ho anomenem el discurs de l’amo, en tant que , com senyalava Jacques Lacan, el que l’amo vol és que les coses vagin bé, marxin segons el previst. Mentre que els símptomes són allò que es travessa i fa que les coses no vagin. Doncs bé els adolescents a vegades poden ser el símptoma d’un determinat discurs col?lectiu, i en aquest sentit estaríem d’acord amb el que ha dit el sociòleg. Els adolescents tenen un valor com a símptoma que qüestiona aquells valors establerts, que la majoria dels adults volem fer funcionar automàticament ignorant tot el de més, com són per exemple les injustícies, els malestars socials, l’atur, la segregació…
Va haver-hi un autor que va dir: ”Una societat que sotmet a tants dels seus individus a la insatisfacció i a la desesperació és una societat que no durarà massa i tampoc s’ho mereix”. Aquesta frase amb ressò revolucionari, podria ésser de Marx o del mateix “Che” Guevara, resulta ser una frase que va enunciar Sigmund Freud en el seu escrit “El malestar en la cultura”, perquè Freud no va creure mai en l’adaptació del subjecte a la societat sinó en la seva realització en el que té de genuí i particular.
I es ben cert que moltes de les denuncien que realitzen els joves actuals són raonables pel fet que la societat actual sotmet gran part dels seus membres a la insatisfacció i a la marginació. La societat, d’aquesta manera, no té dret a durar. Aleshores els joves com a símptoma d’aquesta tenen un valor. Això però, no ens ha de fer oblidar que els joves, per si mateixos poden sofrir símptomes, es a dir, que en el seu projecte de vida, en allò que desitja fer, també a ells els hi sorgeixin coses que se’ls travessen. I són precisament aquests símptomes els que no deixen desenvolupar una vida satisfactòria, que els fan sofrir. El jove a vegades pateix ell mateix certs símptomes que li son propis i particulars.
Aleshores centres com el COF, i d’altres, són absolutament imprescindibles i necessaris perquè el jove pugui trobar “un Altre” a qui pugui adreçar-hi aquest sofriment, aquest símptoma que li es particular. Aquests són uns indrets on se’ls pot ajudar a trobar una solució que li sigui particular i pròpia.
Una resposta no totalitària
En la resposta que les institucions han de donar als malestars i als símptomes dels propis joves, que hi pot aportar el discurs analític?. Hem comentat que un dels elements que es pot aportar es la noció de la funció de mancança. Però què vol dir aquest terme exactament?. Ho entendrem si veiem com treballen els psicoanalistes. I com ho fan? doncs no des del que tenen, o des del que saben, si no des del que no tenen, des de la manca de saber. Freud va preguntar-se sobre el que havia de saber un psicoanalista al començar una psicoanàlisi?, I va concloure :”Oblidar el que sap”. Per poder escoltar el que en cada moment hi haurà de nou en el seu pacient, la manera particular que té de plantejar el seu malestar i el seu sofriment propi , ha de treure’s tots aquells prejudicis i totes les teories prèvies que té, per no encasellar a aquell que escolta dins d’uns quadres prefabricats. Per tant la falta de saber és l’instrument d’una escolta particularitzada al sofriment de cada qual.
Vostès em diran llavors què si s’opera amb el no saber, ¿què és el que pot aportar a la clínica institucional,? Doncs bé aquest no-saber no és absolut. S’emmarca en un saber sobre l’estructura del inconscient i per tant l’analista pot aportar quelcom als altres col•legues, que s’ocupen del malestar humà. Aquest saber sobre l’estructura del inconscient es transmissible fet pel qual es pot compartir el saber sobre les determinacions inconscients dels símptomes i malestars. Es per això que es pot col•laborar en aquesta tasca comuna que és tractar de donar resposta al malestar.
Saber de l’estructura inconscient, vol dir precisament saber del desig inconscient i com aquest governa molts dels sofriments. Per exemple: una noia sap, perquè li han explicat moltes vagades a classe d’informació sanitària o d’educació sexual, com prevenir un embaràs. Ho sap perfectament i tant mateix, oh lapsus!, en un moment s’ha descuidat i no ha fet allò que podria haver fet perfectament. No es pot justificar això com una mancança d’informació, sinó que és més fàcil reconèixer en aquests lapsus un desig inconscient. Un altre exemple del que segurament tindran alguna experiència és: “Una mare jove ve a dir al centre de planificació familiar que per raons molt lògiques, econòmiques, socials, d’edat, tec..., en aquell moment no vol corre el risc de tenir un fill i demana que li posin un DIU. Als quatre dies es queda embarassada, i això no ens assegura forçosament que aquest embaràs no sigui desitjat, perquè em de tenir en comte que volgut no vol dir lo mateix que desitjat. El desig és inconscient i sovint els subjectes no volen allò que senten que desitgen. El desig pot determinar que fem coses “sense voler”, que se’ns escapen com lapsus, símptomes, actes fallits tec…. Per tant, és freqüent que aquell fill que va contra la planificació conscient pot ser el que te més garanties de ésser desitjat tot i que pot arribar a ser no volgut. Això és important a l’hora d’avaluar la determinació d’una dona a avortar, perquè allò que es fa per raons pràctiques i de confort no deixa de ser conflictiu per una dona quant va contra el seu desig vertader.
Fet aquest petit esbós del que són les aportacions fonamentals dels analistes a la clínica, ¿què podem dir des d’aquest discurs a propòsit del risc?.
Allò que em sembla important de veure respecte aquesta qüestió és la vessant ètica: ¿què podem fer en el fet de que hagi risc?. Jo he triat un títol que en si ja porta una primera resposta. Si remarqueu el primer que afirma la qüestió és que el risc és inevitable. Hem de fugir de la il•lusió totalitària de què podrem prevenir tots els riscos. Si hi ha quelcom que ens ensenya la psicoanàlisi als analistes és que totes les formacions humanes, culturals, sanitàries, lúdiques, etc.. tot el que diguem és de l’ordre de la cultura, l’ésser humà ho fa, ho construeix i ho practica per poder calmar, temperar allò que li és impossible de suportar. Els analistes d’això en diem el gaudi. Vosaltres podeu anomenar-ho real, o també dir-ne risc. Sabem però que totes aquestes formacions només parcialment poden temperar aquest malestar. Es el que els psicoanalistes anomenen la castració, que no és l’ emasculació sinó la falta del llenguatge humà per poder recobrir i regular tot el real. Es aquest el vertader risc per a tot ésser humà. Per alguns vinculat a les relacions sexuals, per a d’altres al conflicte que sorgeix quant els pactes i la política, que són fets de llenguatge, fallen i comença la guerra. Altres ho associen a la malaltia, com per exemple el cas que hem sentit aquest matí. En aquesta situació la noia adolescent, que patia tant davant el deteriorament de la seva àvia estimada, segons ella mateixa deia: “li patinava la pilota”. Aquí el sofriment és un encontre amb un d’aquests elements insuportables, en que “el real” pren el nom d’una malaltia.
Les construccions humanes que nosaltres fem, són per poder-nos defensar i tranquil•litzar, respecte totes aquestes coses que ens amenacen com a riscos i que son per tots nosaltres angoixants.
D’aquests mecanismes estructurals que tots posseïm vull ressaltar-ne dos, que a l’adolescència són molt importants. Un d’ells és el narcisisme, que és el culte a la nostra imatge, més concretament a la bona imatge d’un mateix. L’ analista francès Lacan, al que ja he citat abans, es preguntava, ¿perquè als homes i a les dones els agrada tant mirar-se als miralls?. Una de les coses que sabem és que la bona imatge de nosaltres mateixos, tant la que es veu en el mirall, com la que els altres ens retornen, és el que diem narcisisme. Es una de les maneres de protegir-nos d’aquest insuportable, d’aquest risc, d’allò que seria tremend.
Així doncs aquesta dimensió imaginaria, la del mirall, ens protegeix de l’angoixa davant del risc. L’altre dimensió que també ens protegeix del risc de l’insuportable és el desig. El desig és allò que fa als éssers humans que no els sigui suficient el guiar-se merament per les necessitats. Precisament pel fet de ser éssers de llenguatge i que han entrat en el llenguatge, ja no en tenim prou amb obtenir tot allò que és necessari per a viure, a més a més volem tots aquells objectes que han quedat marcats d’una manera simbòlica com a objectes capaços de convocar el nostre desig. Aquest no només ens protegeix del sentiment del risc sinó que ens empeny a assumir molts riscos.
Per tant desitjar és també una manera de protegir-se d’aquell encontre, d’aquell perill de trobar l’insuportable, o bé de anar-hi per decisió pròpia.
Però la experiència psicoanalítica demostra que el recurs a les defenses de tipus imaginari i narcisista com el desig o qualsevol altra forma de defensa, són recursos insuficients. Tard o d’hora per a tot ésser humà hi ha el risc de trobar aquells punts del real que són perillosos, allò que Aristòtil va anomenar la tyché, que és allò que és angoixant.
Així doncs, podríem dir que, negar que existeix el risc, o pensar que tot el risc és previsible, com volen fer alguns pares amb els seus fills, és inútil. A més genera més riscos i més segurs que els que volen prevenir. Així aquests pares es col?loquen en un lloc d’omnipotència i l’única cosa que aconseguiran tard o d’hora és aparèixer davant dels seus fills com impostors i mentiders, ja que no hi ha cap possibilitat, de què uns pares, ni tampoc un pedagog, un metge, un sanitari, etc.… puguin prevenir totalment l’encontre amb el risc. .
Aquí, molt breument, voldria dir un parell de paraules als pares sobre el problema de l’educació. El fonamental és que els pares no es col?loquin a l’hora d’intentar educar als fills en aquesta posició d’omnipotència. Ja sigui del costat de l’omnipotència del saber, “el pare ho sap tot i fent el que ell fa o el que ell diu, el risc quedarà totalment evitat”, ja sigui en la posició dels pares que practiquen l’omnipotència de la culpa, que és el cas de dir:” si a alguna cosa li ha passat al fill és sempre per culpa nostra”, perquè quant els pares s’atribueixen l’omnipotència sigui la que sigui, fan impotents als seus fills.
A vegades els professionals hi col•laboren en aquest error. Una certa teoria familiarista dels trastorns psíquics a vegades afavoreix l’omnipotència de la culpa, sempre que passa quelcom a algun infant o a un adolescent, el pare i la mare es pregunten, què he fet malament? la culpa és meva. Pensar que la culpa és sempre teva és un acte de supèrbia, i paradoxalment situa al fill-subjete en una posició d’impotència. Reconèixer que hi ha un límit en l’acció pedagògica i educativa es dolorós, però alhora és llibertador, tant pels pares com pel fills. No es tracta de passar de tot, és important que els pares i mares, els educadors, els metges, etc.. facin allò que creuen que han de fer, però es important que tots tinguin el valor d’acceptar aquesta mancança: ”no ho podem prevenir tot”. Hi ha una part del risc en cada nou ésser humà, en cada subjecte humà que ha d’encarar per ell mateix i això és positiu perquè suposa que a cada subjecte l’hi trasmetem: “ a partir d’aquí tu has de respondre”, és a dir, el tractem de responsable i no d’impotent. En el cas dels l’adolescent, això em sembla especialment important.
I hi ha un altre fet que observem sovint en les entrevistes familiars. En general no es creu massa en el valor de l’exemple i molts pares exigeixen que els fills facin coses que ells no han fet mai i que no estan disposats a fer. Els fills però, acostumen a fer més el que els pares fan que no el que els pares diuen que s’ha de fer, perquè entre pares i fills funciona un mecanisme fonamental i poderós anomenat identificació. Hem vist, per exemple, nens amb fracàs escolar que a casa els hi demanen per favor que estudiïn, que llegeixin quan a la família no hi entra mai un sol llibre. Recordo un cas d’un nen que volia ser mecànic i tenia excel?lents aptituds. Amb nou o deu anys ja muntava i desmuntava motors, tenia passió pels cotxes, coneixia totes les marques hagudes i per haver. Era fill d’un camioner i estimava i admirava al seu pare, em semblava que el nen estava súper ben encaminat a la vida, segur que ho faria bé, però a casa estaven capficats en què havia de cursar una carrera, quan a la família ningú tenia l’amor de pensar.
Dos punts importantíssims en l’educació, que representa preparar als joves per afrontar els riscos de la vida, són acceptar la falta, i donar exemple ètic. Cal reconèixer el valor del exemple en la educació.
Voldria parlar d’un tercer factor que anys d’experiència com analista d’infants m’han fet valorar. Es tracta de la qüestió en nom de la qual es prohibeix. Hi ha una cosa equivocada a la nostra generació, que quedà molt be expressada en allò que aparegué en el maig del 68 a les universitats de Paris on van posar en un llebrer a les parets que deia: ”Prohibit prohibir”. Molt bé, ja no prohibim, i com a conseqüència obtenim una sèrie de generacions educades en la permissivitat, ¿què passa quan al subjecte no se li prohibeixin les coses?, i a més a més no se’l educa en la responsabilitat? ¿ve la felicitat?. !No¡. Quan hi ha una decaiguda de la prohibició, indubtablement el subjecte està abocat a estellar-se contra l’impossible. Les prohibicions que fins fa un temps hi havia, ens servien per protegir-nos de trobar-se de nassos contra allò que és un impossible real. I vam dir: ”Si abolim les prohibicions, s’obriran totes les satisfaccions i si obrim totes les satisfaccions serem feliços”.
Permetre’s totes les satisfaccions no és ni més ni menys que arribar a un límit en el que l’impossible s’imposa en el subjecte. I com s’imposa? ho observem tots els dies. No es pot anar més enllà de prendre droga, ja no ens prohibim cap tipus de sexe però el desig decau. Finalment això porta a una barrera que és el real i que moltes vegades és la impotència i fins i tot la mort, i per tant és evident que la manca de límits no porta necessàriament la felicitat.
L’important no era treure totes les prohibicions, si no en nom de que els pares prohibeixen, i veiem com, per exemple, moltes vegades els pares prohibeixen o bé en nom del propi gaudi, de la pròpia satisfacció i això si que no s’ho empassen els adolescents, fins els nens d’un any es rebel?len quan la mare prohibeix en nom de la pròpia satisfacció, quan li diuen al nen: ”No faràs això, no jugaràs amb això perquè ja em tens fins aquí dalt”. El nen sent: “Ah!, o sigui, que avui que vens farta jo me de privar i el dia que tu vens juerguista llavors jugarem o sigui, l’única norma que hi ha es el teu gaudi, si a tu et va be prohibir....”.Veureu que sempre sistemàticament l’infant es rebel?la quan es prohibeix en nom del gaudi de l’adult, per activa o per passiva.
La primera qüestió que s’ha d’instaurar, quan un adult ha de representar la prohibició, primerament, és sostenir ell mateix una prohibició i una normativa en la qual ell és el primer afectat. Ho veiem perfectament en aquell pare que li diu: ”A les 12 de la nit o a la 1 seràs a casa”. Però si un dia a les 12 a la 1 te ganes de juerga i es troba molt a gust amb el fill i tal, ell mateix es el primer de reconèixer que hi ha una norma i que l’hem de respectar i que “jo soc el primer que m’he de privar d’aquesta satisfacció que ara m’agradaria transgredir”. Es a partir d’aquí, de que hi ha una norma més enllà del que al pare li vingui de gust o a la mare li vingui de gust i que per no passar-se, malgrat tot, tant els uns que son els manats, com pels que manen, que vol dir representar normes, llavors hi ha una possibilitat per la prohibició i no pas que sigui forçosament dolorosa,
Veieu que una estructura s ‘imposa al que mana i que es una paradoxa, alhora a d’estar a fora en una posició d’excepció cuant es el que mana i alhora ha d’estar a dins, i considerar-se ell mateix subjecte de la llei, només així pot donar exemple, es com les paradoxes de Russell.
Quatre trets dels adolescents
Aquestes qüestions se’ns plantegen dia a dia en l’ assistència. En els adolescents però es tornen més agudes perquè en aquest precís moment del desenvolupament els riscos son més grans. Voldria exposar quatre raons de perquè això es així: la primera, es que les pulsións s‘activen d’una manera especialment virulenta a l’adolescència, a l’adolescència tot el mon pulsional augmenta i això es molt important, perquè, com ja senyalava el propi Freud, quan els estímuls externs ens exciten i ens porten a voler fer coses prohibides o fins hi tot insuportables, ens en apartem i ja està, però de la pulsión, en tant que es interna, el subjecte no pot girar la cara i anar-se, el motor de la pulsión no s’apaga fàcilment, es a dir, tota aquesta vitalitat, tot aquest desig poderós sexual que apareix a l’adolescència, no es quelcom que es pugui connectar i desconnectar com un fa amb la TV. Es quelcom que es molt constant i constrenyent i com el camí a la satisfacció es sovint problemàtic es genera angoixa, no estic d’acord amb l’idea del meu jove col•lega que ha dit que la nostra sexualitat es natural i racional, si fos així, tots psicoanalistes, psicòlegs, psiquiatres serien al atur. Desgraciadament la sexualitat humana ni es racional, ni es natural i quan s’ha volgut pensar que la sexualitat era natural s’ha arribat a desastres bastant grossos, per exemple autors com Wilhelm Reich, van pensar que l’ésser humà era natural i que era la societat qui el corrompia, també Rosseau va pensar això, quan s’ha volgut tornar a aquesta espècie d’arcàdia naturalista, que es el mite de l’home natural, s’ha arribat moltes vegades als pitjors dels desastres, com el feixisme o el fonamentalisme.
Desgraciadament la nostra sexualitat no és natural, la relació entre l’home i la dona no te res que veure amb els instints, perquè son sers de llenguatge, i la sexualitat te que passar per els camins de la llengua, i la llengua torna el sentit equívoc, i enganya respecte al objecte en tant el constitueix com objecte de desig. En aquest dossier tan interessant i maco que circula per ahí he llegit: ”Elles ho fan per amor, ells per desig”, ja tenim que la cosa no encaixa, i ha mes coses que fan problemàtica la relació entre els sexes, i si creem l’il?lusió de que es natural i que hauria d’anar tot be, creem ideals sexuals, del tipus: “orgasme sincronitzat”, “u orgasme vaginal” o altres, que no es que siguin coses que no esdevinguin alguns cops, però suant en fem la barra de medir la suposada normalitat posem una grossa carga a les espatlles de gent. Si els hi diem que son els ideals universals de normalitat o de salut, en contes de dirlos que han de cercar la seva particularitat, i les seves condicions pròpies de gaudi, en unes relacions que son un diàleg i un aprenentatge sense preses, els ideals no els ajudaran perquè els ideals en tant que universals borren la seva particularitat, i si no els alcançen vindrà la angoixa, la culpa i el fingiment.
Perquè no es natural la sexualitat humana?. Perquè els rols sexuals per l’home i per la dona han tingut que passar a través del llenguatge i això els ha tret del mon de la natura, desgraciadament home i dona no es lo mateix que mascle i femella, no som micos, a la natura ja no hi som des del moment que son éssers parlants. Molts cops, he sentit que els pacients no han escollit viure i ser feliços amb aquella parella que mes satisfactòria e intensa era la relació sexual, i han trobat la felicitat am parelles a on si jugaven mes factors, però la condició imprescindible es acceptar que no es pot tenir tot. I saber lo que de veres es essencial per cadascú. Per altra banda com ja em dit, les parelles necessitem temps per trobar-se i el desig no arriba per inspiració, cal conquerirlo, que la sexualitat no vagi massa be al començament no ha de ser quelcom que sigui necessàriament patològic, l’home i la dona necessiten un temps per trobar-se, per coneixerse-se i per trobar la seva pròpia manera de viure la parella i quan menys ideals hi hagi, millor, Per això, penso jo, que Centres com aquests, poden ser de la màxima utilitat perquè cada home i cada dona pugui trobar el seu mode particular de viure joiosament el sexe, de forma coherent amb la seva historia, i el seu tarannà i sense obsessionar-se per complir certes performances o ideals que no són més que grosses cadenes que els hi posem sobre les espatlles i els professionals no tenim dret a fer això.
En segon terme, cal recordar que fins llavors l’encontre amb l’altre sexe, ha estat per a la majoria dels adolescents, lo que en podríem dir una teoria, una entelèquia, una fantasia, sabem que els nens quan son petits ja tenen un cert encontre amb l’altre sexe, però d’alguna manera es construeixen fantasies sexuals infantils, del tipus: “la mama es va quedar amb una nena a la panxa perquè va menjar no se què i es va inflar”, es una teoria sexual infantil, en general més operativa i que té més transcendència pel nen que la pedagogia de l’ensenyament de la sexualitat a l’escola, centrada en la fisiologia i la higiene del cos humà, està demostrat que els subjectes es mouen més per les teories sexuals infantils que per la pedagogia que els hi donem desde fora, per això hi ha un límit amb el que es educable, no es que diguem que no s’hagi de fer, s’ha de fer una bona labor pedagògica, però hem de tindre present que aquesta labor pedagògica te un límit a les creences inconscients de cada subjecte i que son poderoses i que els determinen i condicionen el mode en que abordaran l’acte sexual.
En tercer terme l’altre qüestió que es fa difícils pels adolescents en aquesta època i que ja s’ha dit, es que l’adolescent ha d’atravessar un canvi de certes identificacions, podrien dir canvia la pell com les serps, es a dir te una imatge de sí, més o menys determinada i la canvia per tant d’entrar en una imatge nova es un moment angoixant, alguns podran acomodarse, altres no, llavors apareix l’angoixa , el vulguer evitarla o superarla, els pot portar a fer coses perilloses com a mecanisme de descarga, o bé a iniciar un consum de drogues, que sovint es una automedicació inconcient per paliar la ansietat, i de les cuals el alcohol no es la menys important.
Un altre tret fonamental de la adolescència es que es un moment de separació, moment de separació que no hem de confondre amb posar més o menys distància, la separació no passa solament per anar-se de casa, hi ha adolescents que es van de casa però que no es poden separar, l’impossibilitat de separar-se els hi fa marxar de casa, com parelles, hi ha parelles que es separem físicament per continuar junts la resta de la vida. Què vol dir vertaderament separar-se?. Vertaderament separar-se vol dir que el subjecte pot mantindre en relació a l’altre, una posició de paraula i d’acte lliure tan en la coincidència com si es discrepant, quan convingui, Es a dir separació interna subjectiva i per tant indissoluble de la responsabilitat. Si jo puc estar a casa diem el em sembla que he de dir, quan crec que ho de dir i ferma escoltar i marcar el que em sembla correcte, el que em sembla incorrecte i dialogar, a vegades negociant durament, però arribant a pactes i equilibris, a vegades dolorosos, jo estic separat i vagi on vagi estaré separat, perquè aquesta mateixa actitud la podré mantindre en el si de la feina, en el si del matrimoni, en el si del que sigui.
L’adolescent que marxa de casa perquè davant els pares no podia mantindre el seu desig i un dia fuig, fa una separació física però, tard o d’hora haurà d’anar a parar a algun lloc, haurà d’anar a parar o a una parella, o a una feina o a un grup i allà difícilment estarà separat, si no es va separar allí on s’havia de separar. No confondre doncs la separació amb la fugida. Aquest adolescent assumeix riscos però no sempre esta mes ben preparat per asomirlos amb responsabilitat.
Una ètica diferent
Per acabar aquesta llarga xerrada, voldria dir quina seria l’aportació que la psicoanàlisi li podria donar las adolescents respecte del risc?. Jo diria que la psicoanàlisi invita al adolescent a fer una experiència que no el faci defugir el risc, però que li fasi encarar com a subjecte responsable. Que no tingui por però tampoc que no jugui amb el risc per enganyarse y enganyarlo, per alimentar la il•lusió de la omnipotència. Es una invitació a que l’adolescent prengui el risc de viure la vida d’acord amb el seu desig, que no vol dir en absolut “fer el que em dongui la gana”, Viure la vida d’acord amb el propi desig implica pagar per aquest desig, pagar per un desig vol dir entre altres coses, que en determinats moments s’ha d’escollir, i escollir vol dir sempre perdre quelcom, renunciar a alguna cosa, per lo tant es citat a una ètica diferent de aquella que sembla de moda als nostres temps, que es l’ètica del “tot si val”. Aquesta no es l’ètica del desig, es l’ètica del gaudi i aquesta ètica del gaudi porta a la sacietat, a l’avorriment, a l’isolament i a la insolidaritat
L’ètica de la psicoanàlisi que es la de construir quin es el vertader desig del subjecte, porta a cadascú a prendre unes opcions i unes eleccions d`acord a les seves particularitats, però a diferencia del gaudi que porta al solipsisme, el desig assolit porta al subjecte als altres, com deia Lacan en la col•laboració de fer l’obra humana, es per tant una ètica que porta al empenyo de fer coses a la vida. Podem dir que l’hi proposem al adolescent, que passi del desig de risc, al risc del desig vertader, que no porta ni a l’adaptació, ni a la resignació, ni al consumisme, ni a l’aborregament, si no a la realització de la pròpia vida, unit als altres en la realització d’una obra comuna. Centres com el COF, en la mida que poden escoltar als adolescents, a cada un en seva particularitat sostenen una possibilitat, perquè en aquest camí que es la vida de cadascú, adolescent o no, hi hagi la possibilitat de conquerir la realització del propi desig per tot aquell que vulgui intentar’ho.
-Al introducir con una triple negación esta breve reflexión sobre el estado actual de la clínica de las llamadas enfermedades mentales, me pongo del lado del síntoma, en la medida en que el síntoma es aquello que siempre hace objeción al discurso dominante. Al mismo tiempo señalo que esos tres modos de abordar la clínica equivalen a los tres modos dominantes de legitimar en la actualidad el saber de la clínica en salud mental, que se quiere "científico", pero que en la actualidad no ha podido probar de forma inequívoca sus bases científicas, a la hora de poner en evidencia que ciertas alteraciones psicopatológicas obedecen a causas orgánicas especificas. Pues la coincidencia estadística, aproximativa entre ciertas alteraciones del comportamiento, los estados de ánimo o en el decurso del pensamiento y una determinada perfil de los neurotransmisores, no implica en ningún caso una elucidación causal, una explicación nosológica ni una buena formulación del pronóstico.
Como señalo Lyotard. en su texto La condición postmoderna, escrito para responder al encargo de las Universidades canadienses, sobre el estado del saber, la cuestión gira alrededor de los modos en los que el saber se legitima, y las distintas modalidades de legitimación del saber según distintas épocas históricas, así como el modo dominante de la legitimación del saber en nuestra época.
Hasta le siglo XVIII, el intento de arrebatar la legitimación al modo de fundar el saber en \\\"el relato\\\" y sustituirlo por el saber científico, por parte de los científicos fue visto por la población y las autoridades como un intento diabólico y peligroso, Mary Shelley expreso muy bien esa actitud en su relato sobre Frankestein, el científico creador de monstruos.
En el siglo XXI el modo de legitimación \\\"científica\\\" donde se supone que el lenguaje estrictamente denotativo, es el único que funda un saber válido, se ha vuelto dominante, no porque este muy generalizado, pues de echo solo unos pocos son capaces de usar científicamente los lenguajes denotativos, si domina es porque le dan su valor jerárquico, los intereses capitalistas y la producción inacabable de gadgets consumistas, la oligarquía universitaria de una universidad que ya no es un contrapoder y los políticos que han aceptado cada vez más la reducción de la política a un economicismo que también se postula científico, que en contrapartida de reducir la política a la administración lleva a los políticos a ser meros agentes economicistas, con la única salvedad de los discursos identitarios, que reintroducen la ilógica subjetiva contraria a la supuesta racionalidad del estado moderno, que encuentra su máxima justificación en el crecimiento del PIB y cuya ley fundamental es la del mercado, a la que se subordinan como secundarias, justicia, verdad, felicidad, viabilidad, etc...
Por esta vía la legitimación del saber científico ha llegado a ser un mito, en tanto no solo sirve para legitimar el propio discurso que es el de la ciencia, es decir no se limita a decidir si algo es científico o no, sino si algo es humana y socialmente aceptable o no.
¡Eso no es científico! Es el anatema de la nueva religión. Hay multitud de prácticas sociales y personales cuya praxis en modo alguno se pueden fundar como propiamente científicas y se rebelan a nivel político y social y a nivel del ámbito personal muy beneficiosas, mientras que la investigación científica que permite la manipulación atómica, o los virus aún no ha demostrado lo positivo de su balance entre las ventajas aportadas y los peligros y terrores, su evaluación es profundamente ideológica y basada en prejuicios e intereses de grupo. Y ni tan siquiera la motivación inconsciente es desechable, como señala David Locke a propósito de los intereses Darwinianos.
El problema, en realidad son las sucesivas decepciones que se han producido de las expectativas que se han puesto en una psiquiatría exclusivamente biológica, que hace abstracción de la historia personal, de la dialéctica entre el sujeto y el mundo y del discurso dominante donde discurren tanto la vida del sujeto, como la praxis psiquiátrica.
Lo chocante es que cuanto menos resultados fehacientes puede ofrecer, la práctica de lo que ya se conoce en términos populares \\\"del llamado psiquiatra pastillero\\\", mayor es su ensoberbecimiento que le lleva a realizar ciertas operaciones discursivas, a todas luces cuestionables incluso desde su propia lógica, que quiere ser científica, Estas operaciones de legitimación de la propia práctica y el propio saber y deslegitimación de otros saberes y prácticas, no tienen otro fundamento para la certeza que tienden a exhibir públicamente que su propia enunciación, fundada en su necesidad de afirmar un poder. Aunque mantengan un cierto formalismo que constituye un simulacro cientifista, Mientras que la ciencia es cada vez más crítica consigo misma, y más escéptica con sus certezas y sus límites, cada vez son más las prácticas que se quieren \\\"científicas\\\" en tanto a nivel social la noción de científico implica, una fuente de pensamiento mágico, expectativa desorbitada y certeza supersticiosa. Lo que nos hace subordinados de:
Una cientificidad que esta lejos de ser demostrada, por más que se practiquen los simulacros científicos y se propalen ciertos mitos cientifistas
1- Una cientificidad que esta lejos de ser demostrada, por más que se practiquen los simulacros científicos y se propalen ciertos mitos cientifistas
2- Que se otorga el poder de decidir la ilegitimidad de cualquier otro discurso para dar respuesta al malestar psíquico, en nombre de la supuesta exclusividad de la ciencia para aportar bienestar subjetivo
3- Que se remite a la creencia en unos logros científicos por-venir, ante la notoria ausencia de resultados incontestablemente científicos en la actualidad, remitiendo a uno de los fundamentos menos científicos y más religiosos que existen la fe y la creencia.Un paciente con una depresión tratado con antidepresivos no se trasforma en un sujeto con un ánimo eu-forico, sino en un paciente que deja de sentir a secas, es decir que no siente depresión pero tampoco muchas otras cosas, entre ellas deseo sexual una de las fuentes \\\"naturales\\\" de buen ánimo. Este es un dato abrumadoramente conocido por la mayoría de los pacientes.
4- A pesar de todo esto ¿cómo es posible que una praxis a todas luces fundada sobre bases tan inciertas, problemáticas y con efectos tan poco entusiasmantes, mantenga tanto poder a la hora de definir modelos asistenciales, legitimaciones de las prácticas, asistenciales y de formación de profesionales?
Las razones son múltiples y se sobre determinan, pero todas ellas están en sintonía con lo que podríamos llamar ciertos rasgos dominantes, aunque no exclusivos de la subjetividad moderna. Es sobre algunos de estos rasgos que quiero llamarles la atención en esta ponencia, para trasmitirles dos ideas, la primera es: que otra clínica es posible, y no solo eso, sino que para muchos usuarios es preferible. En todo caso es necesario que sepan que existe y que puedan estar informados en términos que respondan a sus inquietudes actuales y a la previsión de efectos futuros en lo individual y en lo social.
No se trata de que la psiquiatría cure y el psicoanálisis no cure, se trata que la gente sepa que le es esperable como cura cuando elige la psiquiatría, el cognitivismo, los orientalismos, las ortopedias corporales o el psicoanálisis.
Que sepan que el devenir de su \\\"enfermedad\\\" o \\\"problema\\\" no se halla totalmente predeterminado en si mismo y que depende, en gran parte, del tipo de respuesta que se le dé. Que cada elección implica un concepto distinto de la curación misma, lo que a su vez supone una manera de ser y vivir distinta, Pues el sujeto sólo puede elegir sobre una información plural y verdadera, aunque sepamos que la tendencia a elegir lo malo, cuando no lo peor, para si mismo es lo más frecuente para el neurótico, cualquier otra forma de elección de su tratamiento que no implique su margen de libertad y de implicación, es un acto de dominio.
La segunda idea sobre la que quiero llamar su atención es que en nuestros días, la defensa de la primera de estas propuestas no sólo lleva apareja la confrontación de esas clínicas de la salud mental supuestamente reducida a la organicidad , sino que también comporta confrontar a los sujetos con ciertos efectos del discurso social dominante en política, sanidad, educación, economía y lazos sociales y por tanto traer a primer plano, a la luz pública, como suele decirse, estos efectos de discurso, que no escapan a las luces de ciertas mentes.
Si nos remitimos a la propia historia de la psiquiatría, siguiendo la interesante puntuación que realizan Jacques Postel y Claude Quétel podemos cernir distintos momentos históricos que implican distintas formas de relación del sujeto a sus malestares psíquicos.
1- Nacimiento de la psiquiatría médica: Pinel, no solo corta las cadenas a los enfermos mentales, sino que como señala Gladys Swain constituye un método: a)aislar, reunir, definir y tratar, b) Elaborar un lenguaje y c) ordenar un saber. Ese saber al reunirse en un tratado busca constituir un conjunto lógico coherente, incompleto pero visualizando siempre la idea de un progreso hacia una totalización.
El imperativo asistencial: hay que vivir con los pacientes, reintroduce la dimensión del sujeto., en la taxonomía de los malestares reducidos a enfermedades.
Supone una idea de causalidad, que se ha de descubrir, de constatar, pero que provisionalmente esta cimentada sobre la experiencia de la repetición, repetición de la asociación de un grupo de síntomas en un síndrome y
repetición de cierta forma de evolución. Lo que constituye una enfermedad, y asegura de un cierto real en juego en los fenómenos observados. Bajo una modalidad que recuerda la idea \\\"lacaniana\\\" \\\"lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar\\\".
Es el siglo de los Tratados en Psiquiatría. (A pesar de su voluntad científica, el lenguaje quiere ser denotativo- según la expresión de Lyotard- exlusivamente, constituyen aún un relato por su voluntad de idea de conjunto y la imposibilidad de la comprobación experimental)
Es la etapa del Consenso de la Cínica hasta el siglo XIX
2- Una segunda etapa, en la que aparece la tripartición de los enfoques, que se mantienen interdependientes
a) La terapia farmacológica, en 1952 aparece la clorpromazina y en 1956 los antidepresivos
Es una concepción de la enfermedad mental, que implica un supuesto real biológico, y abre la posibilidad de abordar lo psíquico como co-extensivo del cuerpo en tanto ha sido definido como organismo en el laboratorio. Aunque en esa época aún se mantiene como un real \\\"no todo\\\" en un doble sentido: no todos los cuadros clínicos son subsidiarios del uso de psicofármacos, y los que lo son a menudo no deben tratarse solo con fármacos. Durante años la APA ha reconocido que el mejor resultado en el tratamiento de los trastornos psíquicos, se obtenía por el uso combinado de fármacos más psicoterapia
b) el psicoanálisis y sus epígonos, infinidad psicoterapias nacerán de él o se verán influidas por él, cuestiona el edificio de la Psiquiatría, aunque toma elementos clínicos de ella y la influye.
Una hipótesis causal: lo que enferma es “el inconsciente estructurado como un lenguaje” articulado al cuerpo en su naturaleza erógena, no en su naturaleza de organismo de laboratorio.
Es una clínica que incluye una visión global, Freud en “Las neuropsicosis de defensa”, establece que ese mecanismo causal descubierto por él en la histeria, puede reconocerse en todas las demás neurosis e incluso psicosis, pudiéndose decir así que es un principio general de todo el acontecer psíquico.
Esto último más el uso de unas formulaciones de un lenguaje que no es exclusivamente denotativo lo incluiría en la categoría de \\\"relato\\\" Aunque lo real abordado por el Mito, no es seguro que no tenga un uso de lenguaje
Denotativo si se reconoce la lógica y la estructura del mito, no solo su esencia poética. Por ejemplo el mito de Edipo, o el concepto de pulsión, que según Freud es el verdadero Mito del psicoanálisis.
No permite el experimento, pero exige: a) el rigor lógico, b) la confrontación con lo real, es el método de Freud pues él afirma que toda construcción teórica es provisional y si se ve desmentida por un solo dato de la clínica es toda la teoría la que se debe revisar c) la aplicación de \\\"la navaja de Ockham, debe preferirse la explicación lógica más sencilla que de cuenta del mayor numero posible de hechos clínicos
c) La psiquiatría social, la antipsiquiatria van a colocar en el centro de la causalidad: el lazo social y la dialéctica como causa, ya sea a nivel de la familia o el discurso social dominante: el capitalismo Laing, Cooper o Bassaglia, Casagrande
Hay una sobrevaloración de la dimensión discursiva en detrimento de la nosología hasta el extremo de que en cierta manera la enfermedad mental es negada. Sin embargo en algunas de estas orientaciones, especialmente las marxistas, lo real no deja de estar en juego bajo la noción de las condiciones materiales a las que el discurso constriñe a cada sujeto, de ahí que todo lo que es infraestructura toma el valor determinante, como señala Lacan el echo de que el lenguaje sea admitido por el propio Stalin (1950) como perteneciente a la infraestructura podía dar ciertas connivencias con el psicoanálisis. Pero en la práctica el materialismo se sustanció más como biologismo, pues el familiarismo y el historicismo de la clínica psicoanalitica va a ser asociado por algunos marxistas a una concepción burguesa. O incluso idealista en el sentido Hegeliano.
Del papel crucial dado por Marx a la plus-valúa como causa. Va a ser Lacan quién lea mejor las consecuencias a la hora de formular que es el síntoma.
Sin embargo no van a faltar las interacciones del marxismo con el psicoanálisis como no faltaban con la psiquiatría farmacológica, Reuben Osborn, Walon, Grupo Yenan, Boons, Guattari, Oury, Tosquelles
3-La reacción de fin de siglo, la posición post-moderna
En el contexto de la post modernidad, una serie de rasgos de las relaciones de los sujetos con el saber se imponen. Cae totalmente en el descrédito el uso de sistemas conceptuales globales, el tratado de psiquiatría ya no tiene sentido, la clínica es un conjunto de agregados de síntomas, que constituyen un conjunto heteróclito y sin configurar un todo. Es la consecuencia de la Falta de creencia total en los relatos.
Este agregado de síndromes se constituye por diferentes tipos de procesos: consenso colectivo, son los congresos los que deciden el perfil del DSM, no hay voluntad de que la clínica responda a lo real. Basta con que responda a las representaciones que interesan a los lobbys de poder. Por intereses de la industria farmacológica, se aíslan síndromes en función de los recursos farmacológicos y no al revés. Así la depresión de constituir un signo clínico inespecífico, que puede dar cuenta de una reacción normal, hasta un cuadro gravísimo se convierte en un ente en si mismo, porque supone convertir a toda la población en potencial consumidora de cuidados farmacológicos en algún momento de su vida.
Otro factor de definición de la nosología clínica es el factor mediático, es la capacidad de un autor, sociólogo, psicólogo, periodista para llamar la atención sobre un aspecto del malestar de la vida cotidiana, para generar una espontánea proliferación de expertos, adición al ordenador, al sexo al trabajo, acoso en la escuela, acoso en el trabajo... cada vicisitud, cada dificultad de la vida cotidiana, se convierte en un síntoma, el traumatismo no es la vivencia que un sujeto registra de ciertos sucesos en su vida, el traumatismo se objetiva. El sujeto se ve enajenado de la significación de las cosas que le suceden e impotentizado en su capacidad de responder a ellas, de hacer del sufrimiento, del duelo o del malestar la ocasión de un crecimiento subjetivo y personal.
Un último mecanismo que queremos destacar es el de la formación de cuadros clínicos, por asociaciones de afectados, aquí lo que define un cuadro clínico es el reconocimiento mutuo y la sensación de pertenencia que produce el uso de un rasgo sintomático como señal identitaria. A menudo estas operaciones van acompañadas de un autentica declaración de solipsismo clínico, se promueve la falacia de la auto-ayuda, pues esta expresión es una contradicción interna flagrante, pues si uno lee un libro ya esta en relación a lo hetero, nada más ajeno que los significantes del Otro. Así pues no es auto-ayuda, solamente se trata de rechazar el deseo del Otro, de disociar el lugar del saber: el libro de la presencia viva del que supuestamente detenta ese saber, se trata de un “todos iguales”, que reduce el partener del síntoma a otro que redobla el narcisismo del sujeto.
Esta clínica, constituye una verdadera práctica sistemática de lo que en términos vulgares se llama coger \\\"el rábano por las hojas\\\", al renunciar a cualquier cuestionamiento de la causalidad y descartar la implicación subjetiva, hace de la descripción clínica algo totalmente intrascendente, \\\"no hay que apuntar a un porque\\\" esa divisa de la post-modernidad, es la excusa para hacer de la manifestación de depresión, una misma cosa tanto si se trata de una reacción saludable en un sujeto que ha perdido un ser querido, una reacción patológica en un sujeto que ha perdido su deseo y el sentido de su vida o un momento critico en un psicótico que descubre la vacuidad de su ser y bordea el suicidio. Todo es lo mismo al menos en su remedio: prozac.
Los efectos iatrogénicos, de esta forma de proceder son inconmensurables, y las falacias que sirvieron para entronizarlos cada día más insostenibles, ni son tan eficaces, ni son tan baratos, hoy día ciertas pautas medicamentosas son más caras que algunas psicoterapias de lujo, y son más largas pues se recomiendan !para toda la vida¡.
Hay que replantearse una clínica que se re-humanice, que vuelva a contar con los conocimientos que tenemos de la subjetividad, que dé un papel al sujeto como responsable en su proceso de sufrimiento y curación, sin que por ello tenga que excluirse el papel del Otro del saber, a condición que este, ya este representado por los agentes de la Salud Mental o por las instituciones políticas, visualice en la asistencia; la misma política de emancipación que supone la curación de los síntomas pero también la realización plena de la singularidad del sujeto.
Y para ello no puede contentarse con la manipulación de las “representaciones”, es decir la sugestión, pues como decía Lacan no hay ninguna esperanza de alcanzar lo real a través de las representaciones. Y por lo tanto ninguna esperanza de incidir verdaderamente sobre el síntoma.
José Monseny
Tarragona 9 abril 2005
Horgan John
\\\"El fin de la ciencia\\\" Edit Paidós
Freud S.
\\\"Las neuropsicosis de defensa\\\"
Lacan Jacques
\\\"Presentación de la traducción fracesa de las memorias del Presidente Schreber\\\" (5-10.66) Intervenciones y textos II Edit Manantial
\\\"Acerca de la causalidad Psíquica\\\"
Locke David
\\\"La ciencia como escritura\\\"
Lyotard Jean-François
\\\"La condició postmoderna\\\"
Mendlewicz J.
\\\"Psiquiatría biológica\\\" Masson editores
Postel Jacques y Quétel Claude
\\\"Historia de la Psiquiatria\\\" Editorial Fondo de cultura económica México